martes, 17 de mayo de 2011

Atendiendo a los objetivos planteados en nuestra investigación, y habiendo sistematizado y sintetizado los datos arrojados por las encuestas bases de nuestro estudio, se puede corroborar la hipótesis que los oficios domésticos siguen teniendo una relación causal directa con la asignación de género, es decir ciertos trabajos parecerían encajar y sólo ser vistos de forma positiva en el entorno social cuando son realizados por uno u otro género, y cuando dichos paradigmas sociológicos son desvirtuados, tienden a generar exclusión y duda al interior del colectivo.
Aunque la población más joven estudiada mostró mayor reticencia a perpetuar la visión tradicional de género, es cierto que esto no es suficiente para romper los paradigmas planteados. Asimismo dentro de la experiencia de recolección de información, se hizo visible el hecho que la población más joven no le interesaba tener en cuenta el género como criterio para asignar ciertos oficios; aunque dichos casos eran aislados. Por lo tanto el género seguiría siendo un factor primordial para la selección de tales oficios, como el de mujer para ser niñera, u hombre para ejercer la labor de portero.
Por lo tanto no existió un patrón uniforme o representativo para poder señalar que en ciertos segmentos poblacionales estaba o no más arraigada la visión de género, sino que se mantuvo casi constante en los tres grupos estudiados, con las excepciones antes planteadas. De lo cual se pude concluir de forma general que la edad de las personas estudiadas no fue determinante para encontrar diferencias o posibles patrones comportamentales donde se desvirtuara o cambiara la percepción tradicional de género.
De lo anteriormente planteado, podemos confirmar un objetivo esbozado al interior de esta investigación, ya que es visible en los resultados recolectados que siguen existiendo modelos preestablecidos sobre cuales personas recaen dichas actividades; puesto que la mayoría de datos apuntaban a perpetuar y corroborar la idea social sobre que géneros deben realizar dichas labores. Igualmente pocos encuestados optaban por ideas distintas a la de la mayoría de selecciones marcadas. Tal planteamiento es extraíble de las opciones dadas al interior de las encuestas, pues un grupo de ellas estaba dirigida a confirmar la idea que se tiene de los oficios domésticos y sobre quienes deben recaer estas labores, mientras otro grupo de preguntas estaba dirigida a plantear opciones alternativas y de muy poca consideración a la hora de seleccionar personas para este tipo de trabajos.
De esta manera, después de haber hecho el correspondiente análisis cuantitativo de los resultados, podemos expresar de forma sucinta que sigue habiendo un porcentaje considerable de personas que siguen viendo en el género una elemento esencial para asignar trabajos a determinadas personas, que en nuestro caso corresponden a los oficios domésticos, encontrando un muy mínimo porcentaje de opciones alternativas que pudiesen desvirtuar dichos paradigmas sociales, pues no sólo los aspectos fisionómicos influyen para la selección de oficios, sino también concepciones sobre la labor y función de cada uno de los géneros al interior de la sociedad, las expectativas que se tiene de cada uno de ellos, que está permitido y que no al interior del grupo, haciendo entonces que aquellos que no pertenezcan, acaten o continúen con esta visión generalizada, sean marginados o vistos como extraños por un determinado colectivo social. 

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